En una entrevista concedida a La Nueva España mi buen amigo, mejor periodista y estupendo escritor, David Tejera, dice que está ya inmunizado al hecho de que se le señale siempre como el ex de Letizia Ortiz y que, mientras le quede imaginación, no escribirá sobre esa relación que mantuvo con la hoy princesa de Asturias, a pesar de las veces que le han tentado para que lo haga. El ganador del último premio Ateneo de Sevilla con "Seis peces azules", no lo hará por varias razones que me constan. Primero, porque es un caballero, segundo, porque no quiere ganar dinero a costa de su intimidad y, tercero, por lo que él mismo dice en la entrevista: "en este país no es tan fácil publicar historias de ese cariz, aunque vamos abriendo los ojos, aún queda un círculo poderoso dispuesto a cerrar filas".
Obviamente David Tejera sabe perfectamente lo que dice y porqué lo dice. Es muy preocupante en cualquier circunstancia que un "círculo de poder dispuesto a cerrar filas" sea capaz de cercenar la libertad de expresión o cualquier otro derecho fundamental. Pero más preocupante aún es que eso pudiera estar sucediendo ahora mismo, cuando tenemos a un miembro de la Familia Real, Iñaki Urdangarín, envuelto en un escándalo mayúsculo de presunta corrupción. Las palabras de Tejera dan qué pensar cuando, además, observamos cómo la esposa y socia de Urdangarín en el Instituto Nóos, la Infanta Cristina, ni siquiera ha sido llamada a declarar como testigo.
Iñaki Urdangarín tiene ante sí un horizonte judicial en el que solo se vislumbran nubarrones y tormentas. La fiscalía quiere que el juez le pida una fianza de mas de 8 millones de euros para hacer frente a posibles responsabilidades civiles derivadas de los delitos de los que se le acusa y que son, nada menos, que falsedad documental, prevaricación, fraude a la administración y malversación de caudales públicos, entre otros. Delitos que, además de costarle un buen disgusto a su patrimonio personal, pueden dar con sus huesos en la cárcel.
El Rey dijo hace casi un año, en el último discurso de Navidad, que "la justicia es igual para todos". El caso Urdangarín es una inmejorable oportunidad para comprobarlo. Personalmente no arrojo la toalla a pesar de que los primeros indicios no sean esperanzadores. Me refiero, además de a la mencionada ausencia de la Infanta Cristina en este proceso, al hecho de que Urdangarín fuera llamado a declarar ante el juez meses después que su socio Diego Torres, o a las desconcertantes declaraciones de la portavoz del Consejo General del Poder Judicial, que afirmó, al referirse a este asunto, que "no todos los imputados son iguales".
La justicia, efectivamente, debería ser igual para todos. Y no me refiero sólo al yerno del Rey, sino a todos los que puedan estar implicados en esta presunta trama de corrupción, tanto por haber cobrado como por haber pagado. Porque para que el duque de Palma presuntamente se lucrara de forma irregular y millonaria, necesariamente tuvo que haber quien le pagara por trabajos no realizados o sobrevalorados. Ahí hay que incluir, también presuntamente, a los gobiernos de Camps, en Valencia, y Matas, en Baleares, a diversos ayuntamientos y hasta a clubs de fútbol, como el Villarreal, que abonó al Instituto Nóos 696.000 euros por un informe de 13 folios, a razón de algo mas de 53.500 euros por folio. Hay que aclarar por qué se pagaba ese dinero, qué se esperaba recibir o qué se recibió a cambio y quién estaba al tanto de todos estos chanchullos.
Así que, insisto, solo cabe esperar que en el caso Urdangarín la Justicia no se quite la venda de los ojos y actúe sin presiones ni condicionamientos contra todo y contra todos los que pudieran estar en el ajo. Para eso, a mi pesar, tengo que desear, aunque sólo sea por una vez, que mi buen amigo David Tejera esté equivocado y que ese "círculo poderoso dispuesto a cerrar filas" del que habla sea, simplemente, fruto de su imaginación de excelente novelista.
LA VARA VERDE
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Mas fracasa. Los catalanes prefieren el original a la copia
El proyecto independentista de CiU ha resultado ser como las preferentes, un timo. Y Artur Mas se ha destapado como el director de sucursal con pocos escrúpulos que engañó a la viejecilla de turno haciéndole poner sus ahorros e ilusiones en un producto abocado al fracaso. Más ha vendido un plan precioso para los que sueñan con la secesión: una Cataluña independiente, pujante, alejada de la España que le roba su dinero y le oprime como pueblo. También, como en el caso de las preferentes, ha preferido no leer al cliente la letra pequeña: no tiene armas legales para independizarse y, en el hipotético caso de lograrlo, Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea, sin euro y aislada comercial y políticamente. Y un detalle adicional. También, como ocurrió con las preferentes, se olvidó de decirle a los votantes que el plan no tenía fecha de vencimiento, y que los secesionistas bien podrían tener que esperar al próximo milenio para llevarse los dividendos, si es que estos llegaban alguna vez.
Tan sólo hay un detalle, decisivo, en el que el timo de Mas no se ha parecido al de las preferentes. Los votantes o clientes esta vez sí han sido advertidos del engaño. Desde alguna prensa, desde el Gobierno y desde la Unión Europea se les ha dicho por activa y por pasiva que ese plan soberanista era un timo, un engañabobos y que el presidente catalán era un director de sucursal sin escrúpulos que, por si fuera poco, mientras habla de expolio al pueblo catalán es él, presuntamente, quien le roba el dinero a los catalanes. Y ahí están los resultados. Más se ha pegado el gran batacazo. No le salen las cuentas, sólo las de Suiza, y la mayoría absoluta está tan lejos como Lausana.
Ahora bien, a pesar de todo, a pesar de los avisos sobre lo inviable de la locura secesionista, muchos catalanes han caído en la trampa y han votado independentismo. No el de Mas sino el de Esquerra Republicana, el partido que más crece. Y la cosa tiene una lógica aplastante, puestos a elegir han preferido el original a la copia. Es muy parecido a lo que le ocurrió al PNV con Bildu, que de tanto coquetear con sus planteamientos acabo con los proetarras subidos a su chepa. El caso es que en Cataluña muchos han visto clara la jugada. Mas se ha vuelto un feroz independentista de la noche a la mañana, pero ha se ha visto a la legua que era tan falso como duro de madera. Su estrategia de tinta de calamar, de tapar la corrupción y los recortes a fuerza de poner delante de los ojos la estelada, le ha salido rana. Para quemar banderas de España son mejores los de siempre, los que llevan toda la vida en ese negocio, los de Esquerra, que han doblado su número de escaños.
La conclusión es obvia, Mas ha engordado el monstruo del independentismo, que ha terminado por devorarle. Flaco favor se ha hecho a sí mismo, a Cataluña y a España. A él mismo porque que ha fracasado, a una buena parte de Cataluña, porque va a vivir la frustración de no alcanzar jamás el pastel de la independencia que le han enseñado al otro lado del escaparate, y a España, porque va a tener que lidiar con la locura de esos catalanes secesionistas, que ya no se van a conformar con quemar de vez en cuando una rojigualda sino que van a tratar de romper a toda costa el cristal del escaparate, aún a sabiendas de que es un cristal blindado.
Tan sólo hay un detalle, decisivo, en el que el timo de Mas no se ha parecido al de las preferentes. Los votantes o clientes esta vez sí han sido advertidos del engaño. Desde alguna prensa, desde el Gobierno y desde la Unión Europea se les ha dicho por activa y por pasiva que ese plan soberanista era un timo, un engañabobos y que el presidente catalán era un director de sucursal sin escrúpulos que, por si fuera poco, mientras habla de expolio al pueblo catalán es él, presuntamente, quien le roba el dinero a los catalanes. Y ahí están los resultados. Más se ha pegado el gran batacazo. No le salen las cuentas, sólo las de Suiza, y la mayoría absoluta está tan lejos como Lausana.
Ahora bien, a pesar de todo, a pesar de los avisos sobre lo inviable de la locura secesionista, muchos catalanes han caído en la trampa y han votado independentismo. No el de Mas sino el de Esquerra Republicana, el partido que más crece. Y la cosa tiene una lógica aplastante, puestos a elegir han preferido el original a la copia. Es muy parecido a lo que le ocurrió al PNV con Bildu, que de tanto coquetear con sus planteamientos acabo con los proetarras subidos a su chepa. El caso es que en Cataluña muchos han visto clara la jugada. Mas se ha vuelto un feroz independentista de la noche a la mañana, pero ha se ha visto a la legua que era tan falso como duro de madera. Su estrategia de tinta de calamar, de tapar la corrupción y los recortes a fuerza de poner delante de los ojos la estelada, le ha salido rana. Para quemar banderas de España son mejores los de siempre, los que llevan toda la vida en ese negocio, los de Esquerra, que han doblado su número de escaños.
La conclusión es obvia, Mas ha engordado el monstruo del independentismo, que ha terminado por devorarle. Flaco favor se ha hecho a sí mismo, a Cataluña y a España. A él mismo porque que ha fracasado, a una buena parte de Cataluña, porque va a vivir la frustración de no alcanzar jamás el pastel de la independencia que le han enseñado al otro lado del escaparate, y a España, porque va a tener que lidiar con la locura de esos catalanes secesionistas, que ya no se van a conformar con quemar de vez en cuando una rojigualda sino que van a tratar de romper a toda costa el cristal del escaparate, aún a sabiendas de que es un cristal blindado.
martes, 20 de noviembre de 2012
Residir en España no es un derecho universal
No sé si la idea de dar permiso de residencia al extranjero que compre un piso en España será eficaz o no para acabar con el stock de viviendas. Lo que sí sé es que la mayor parte de las críticas que he leído y escuchado carecen del más mínimo razonamiento y apelan a argumentos de barra de bar: que si se vende España, que si se favorece la entrada de mafias rusas y chinas, que si se discrimina a unos inmigrantes respecto a otros.
Dejemos clara una cosa, residir en España no es un derecho universal de todo ser humano. Por eso, desde mi punto de vista, no sólo hay que reclamar, sino exigir, al Gobierno que discrimine, que seleccione al inmigrante. ¡Faltaría más! Es un principio lógico y elemental en la política inmigratoria de cualquier país. Lo que no es lógico es lo de "papeles para todos" que impulsó durante unos años, oh casualidad, el gobierno de Zapatero, tan progre y tan buenista él, que nos llevó al precipicio.
Lo normal y lo exigible, insisto, es que se aplique un filtro a los extranjeros que quieran residir en nuestro país. Ese filtro, como es lógico, no puede ser el color de los ojos, la estatura o el peso de la persona que solicita la residencia. El único criterio posible debe ser el del interés propio del país que acoge al inmigrante, con la única excepción de los motivos humanitarios. Me explico. España debe dar permiso de residencia a dos tipos de inmigrantes. Por un lado, a los que vengan a cubrir la falta de mano de obra en un sector determinado, como ha ocurrido años atrás, sin ir mas lejos, con la construcción. Por otro, a los que vengan a invertir en nuestro país, bien sea dinero o conocimientos. En este segundo grupo se engloban los extranjeros que vienen a comprar una vivienda a España, los empresarios que se establecen aquí y, también, los profesionales cualificados que llegan a enriquecer el país con sus conocimientos. Y luego están las excepciones, los inmigrantes a los que España acoge por motivos humanitarios, por ejemplo, los menores que llegan en patera y los que sufren persecución política en su país de origen.
Por eso, a la hora de valorar la medida que estudia el gobierno, dar el permiso de residencia a cambio de la compra de una vivienda, hay que dejarse de demagogias y contestar una pregunta muy simple: ¿es interesante o conveniente para España, mas allá de que discrimine a unos respecto a otros o favorezca a rusos y a chinos sobre etiópes y argelinos? Si la respuesta es sí no hay duda, adelante. Si la respuesta es no, pues directamente habrá que rechazarla.
Dejemos clara una cosa, residir en España no es un derecho universal de todo ser humano. Por eso, desde mi punto de vista, no sólo hay que reclamar, sino exigir, al Gobierno que discrimine, que seleccione al inmigrante. ¡Faltaría más! Es un principio lógico y elemental en la política inmigratoria de cualquier país. Lo que no es lógico es lo de "papeles para todos" que impulsó durante unos años, oh casualidad, el gobierno de Zapatero, tan progre y tan buenista él, que nos llevó al precipicio.
Lo normal y lo exigible, insisto, es que se aplique un filtro a los extranjeros que quieran residir en nuestro país. Ese filtro, como es lógico, no puede ser el color de los ojos, la estatura o el peso de la persona que solicita la residencia. El único criterio posible debe ser el del interés propio del país que acoge al inmigrante, con la única excepción de los motivos humanitarios. Me explico. España debe dar permiso de residencia a dos tipos de inmigrantes. Por un lado, a los que vengan a cubrir la falta de mano de obra en un sector determinado, como ha ocurrido años atrás, sin ir mas lejos, con la construcción. Por otro, a los que vengan a invertir en nuestro país, bien sea dinero o conocimientos. En este segundo grupo se engloban los extranjeros que vienen a comprar una vivienda a España, los empresarios que se establecen aquí y, también, los profesionales cualificados que llegan a enriquecer el país con sus conocimientos. Y luego están las excepciones, los inmigrantes a los que España acoge por motivos humanitarios, por ejemplo, los menores que llegan en patera y los que sufren persecución política en su país de origen.
Por eso, a la hora de valorar la medida que estudia el gobierno, dar el permiso de residencia a cambio de la compra de una vivienda, hay que dejarse de demagogias y contestar una pregunta muy simple: ¿es interesante o conveniente para España, mas allá de que discrimine a unos respecto a otros o favorezca a rusos y a chinos sobre etiópes y argelinos? Si la respuesta es sí no hay duda, adelante. Si la respuesta es no, pues directamente habrá que rechazarla.
lunes, 12 de noviembre de 2012
EL ANTIMADRIDISMO EN CASA
EL ANTIMADRIDISMO, UN VIRUS MUY CONTAGIOSO QUE SE HA METIDO EN CASA
Que el Real Madrid sea centro de atención de la prensa de todo el mundo, atención casi obsesiva por parte de la española, es de lo más natural. No en vano es el club mas grande, famoso y laureado del planeta. Ningún madridista puede extrañarse de que el resultado de un partido de pretemporada, cualquier fichaje o salida de un jugador, el más mínimo movimiento en las estructuras del club, o la mas insignificante anécdota de alguna de las superestrellas del equipo, sean analizados con lupa por los medios de comunicación como si se tratara de decisiones tomadas en la otra Casa Blanca, la de Washington D.C.
Todo eso es normal. Lo que no lo es tanto es que se mida al Madrid con una vara exclusiva y diferente a la que se utiliza para juzgar a los demás equipos, incluido el eterno rival, el Barcelona. No es que el Madrid no se equivoque nunca. Por supuesto que lo hace y, a veces, de forma mayúscula. Pero lo que no puede ser es que se equivoque siempre, no puede ser que nunca juegue bien, que nunca haga nada bien. Y hemos llegado a un punto en el que el club, privado por cierto, es cuestionado y criticado absolutamente por todo lo que hace y también por lo que no hace. Si ficha a Cristiano Ronaldo por casi 100 millones de euros, la cosa se convierte, gracias a una enorme campaña mediática, en un escándalo mayúsculo. Años después ya nadie se atreve a cuestionar el negocio deportivo y económico que ha supuesto la contratación del astro portugués. Por contra esa misma prensa no dedica ni cuatro líneas a criticar que el Barça, por ejemplo, contrate por 30 millones y por capricho de San Pep, a un central de medio pelo llamado Chigrinsky, fracasado y vendido la temporada siguiente por la mitad de dinero.
Si el club blanco ficha jugadores extranjeros, muchos voceros del antimadridismo disfrazados de periodistas, le critican por el "desprecio hacia nuestros jugadores", por desespañolizar el equipo, etc, etc. Eso sí, los mismos voceros, se tiran a la yugular cuando el club blanco se interesa por un jugador español de otro equipo de la Liga y le acusan de "tirar de talonario", de "actuar de manera imperialista", de "atracar" al indefenso club que va a recibir una ingente cantidad de dinero por su jugador quien, por cierto, se marcha voluntariamente, sin pistolas en la sien ni secuestros de por medio. Casos paradigmáticos de esto que digo son el de Villa y, mas atrás, el de Mendieta. Ambos acabaron en otros equipos simplemente porque se entendía como una agresión del Real Madrid el intento de ficharlos. Inexplicable.
La doble vara de medir tiene múltiples ejemplos mas. Uno de los mas sangrantes, a mi juicio, es el diferente trato mediático que se da a los dos mejores jugadores del planeta, Cristiano Ronaldo y Messi. Si CR7 hace un gesto de reproche al público el jugador es inmediatamente objeto de criticas despiadadas que se saltan por alto el pequeño detalle de que el estadio al unísono se pasa 90 minutos insultando gravemente al jugador y a su familia. Eso no se cuenta. En cambio, a Messi se le perdona e incluso se le ríe, casi como una gracia, el balonazo intencionado al público del Santiago Bernabéu.
Podríamos seguir con ejemplos así una semana entera, porque la prensa (salvo excepciones) ha creado y fomentado múltiples tópicos sobre el Real Madrid, tanto deportivos como extradeportivos, que son falsos e injustos como todos los tópicos. Esas insidias se sueltan a diario en las páginas de los periódicos, en las ondas radiofónicas y en las pantallas de televisión, a veces como una lluvia fina y constante y otras en forma de tormenta huracanada. El resultado es que las críticas, entre las que ya es imposible distinguir las que pueden ser justas de las caprichosas o interesadas, calan hasta los huesos en la opinión pública.
Lo más preocupante, sin embargo, es que ese virus del antimadridismo se ha contagiado entre la propia afición merengue. La enfermedad se puede observar a simple vista en cualquier barra de bar, en cualquier tertulia de oficina y, lo que es peor, en las gradas del mismísimo Santiago Bernabéu. El público ya no anima a su equipo como antaño, muchos aficionados se marchan antes de que el árbitro pite el final, incluso en partidos tan importantes como el del otro día contra el Borussia Dortmund. Se respira la sensación de que los jugadores están en un continuo examen y da la impresión de que hay una parte de la afición que espera con ansiedad el fallo para poder recriminarlo. Ni siquiera CR7 que lleva 58 goles en lo que va de 2012 se libra de los pitidos cuando un disparo suyo no encuentra portería.
No estoy de acuerdo con la expresión de "madridistas disfrazados" que se ha utilizado para describir esos y otros comportamientos. Mas bien los definiría como "madridistas enfermos", que son madridistas de corazón que sin embargo han sido contagiados por el virus que inoculan continuamente "manolos", "países" y "marcas" diversos. O los madridistas nos defendemos de eso o estamos perdidos porque acabamos teniendo al enemigo en casa. Las críticas objetivas son sanas y la autocrítica es esencial para mejorar. Pero también es primordial el apoyo incondicional de la afición cuando el balón está en movimiento, y cuando las cosas no van del todo bien. Es muy fácil subirse al carro cuando se levante, esta misma temporada espero, la décima Copa de Europa, pero es en las malas, en los momentos de duda, cuando se demuestra el madridismo de verdad.
El otro día un amigo, lector habitual de El País, me comentaba que se había quedado de piedra al leer en ese diario una crónica favorable al Real Madrid. Lástima, me decía, que poco después sonara el despertador que hizo añicos ese dulce sueño, demasiado bonito para ser verdad. Todo llegará.
Que el Real Madrid sea centro de atención de la prensa de todo el mundo, atención casi obsesiva por parte de la española, es de lo más natural. No en vano es el club mas grande, famoso y laureado del planeta. Ningún madridista puede extrañarse de que el resultado de un partido de pretemporada, cualquier fichaje o salida de un jugador, el más mínimo movimiento en las estructuras del club, o la mas insignificante anécdota de alguna de las superestrellas del equipo, sean analizados con lupa por los medios de comunicación como si se tratara de decisiones tomadas en la otra Casa Blanca, la de Washington D.C.
Todo eso es normal. Lo que no lo es tanto es que se mida al Madrid con una vara exclusiva y diferente a la que se utiliza para juzgar a los demás equipos, incluido el eterno rival, el Barcelona. No es que el Madrid no se equivoque nunca. Por supuesto que lo hace y, a veces, de forma mayúscula. Pero lo que no puede ser es que se equivoque siempre, no puede ser que nunca juegue bien, que nunca haga nada bien. Y hemos llegado a un punto en el que el club, privado por cierto, es cuestionado y criticado absolutamente por todo lo que hace y también por lo que no hace. Si ficha a Cristiano Ronaldo por casi 100 millones de euros, la cosa se convierte, gracias a una enorme campaña mediática, en un escándalo mayúsculo. Años después ya nadie se atreve a cuestionar el negocio deportivo y económico que ha supuesto la contratación del astro portugués. Por contra esa misma prensa no dedica ni cuatro líneas a criticar que el Barça, por ejemplo, contrate por 30 millones y por capricho de San Pep, a un central de medio pelo llamado Chigrinsky, fracasado y vendido la temporada siguiente por la mitad de dinero.
Si el club blanco ficha jugadores extranjeros, muchos voceros del antimadridismo disfrazados de periodistas, le critican por el "desprecio hacia nuestros jugadores", por desespañolizar el equipo, etc, etc. Eso sí, los mismos voceros, se tiran a la yugular cuando el club blanco se interesa por un jugador español de otro equipo de la Liga y le acusan de "tirar de talonario", de "actuar de manera imperialista", de "atracar" al indefenso club que va a recibir una ingente cantidad de dinero por su jugador quien, por cierto, se marcha voluntariamente, sin pistolas en la sien ni secuestros de por medio. Casos paradigmáticos de esto que digo son el de Villa y, mas atrás, el de Mendieta. Ambos acabaron en otros equipos simplemente porque se entendía como una agresión del Real Madrid el intento de ficharlos. Inexplicable.
La doble vara de medir tiene múltiples ejemplos mas. Uno de los mas sangrantes, a mi juicio, es el diferente trato mediático que se da a los dos mejores jugadores del planeta, Cristiano Ronaldo y Messi. Si CR7 hace un gesto de reproche al público el jugador es inmediatamente objeto de criticas despiadadas que se saltan por alto el pequeño detalle de que el estadio al unísono se pasa 90 minutos insultando gravemente al jugador y a su familia. Eso no se cuenta. En cambio, a Messi se le perdona e incluso se le ríe, casi como una gracia, el balonazo intencionado al público del Santiago Bernabéu.
Podríamos seguir con ejemplos así una semana entera, porque la prensa (salvo excepciones) ha creado y fomentado múltiples tópicos sobre el Real Madrid, tanto deportivos como extradeportivos, que son falsos e injustos como todos los tópicos. Esas insidias se sueltan a diario en las páginas de los periódicos, en las ondas radiofónicas y en las pantallas de televisión, a veces como una lluvia fina y constante y otras en forma de tormenta huracanada. El resultado es que las críticas, entre las que ya es imposible distinguir las que pueden ser justas de las caprichosas o interesadas, calan hasta los huesos en la opinión pública.
Lo más preocupante, sin embargo, es que ese virus del antimadridismo se ha contagiado entre la propia afición merengue. La enfermedad se puede observar a simple vista en cualquier barra de bar, en cualquier tertulia de oficina y, lo que es peor, en las gradas del mismísimo Santiago Bernabéu. El público ya no anima a su equipo como antaño, muchos aficionados se marchan antes de que el árbitro pite el final, incluso en partidos tan importantes como el del otro día contra el Borussia Dortmund. Se respira la sensación de que los jugadores están en un continuo examen y da la impresión de que hay una parte de la afición que espera con ansiedad el fallo para poder recriminarlo. Ni siquiera CR7 que lleva 58 goles en lo que va de 2012 se libra de los pitidos cuando un disparo suyo no encuentra portería.
No estoy de acuerdo con la expresión de "madridistas disfrazados" que se ha utilizado para describir esos y otros comportamientos. Mas bien los definiría como "madridistas enfermos", que son madridistas de corazón que sin embargo han sido contagiados por el virus que inoculan continuamente "manolos", "países" y "marcas" diversos. O los madridistas nos defendemos de eso o estamos perdidos porque acabamos teniendo al enemigo en casa. Las críticas objetivas son sanas y la autocrítica es esencial para mejorar. Pero también es primordial el apoyo incondicional de la afición cuando el balón está en movimiento, y cuando las cosas no van del todo bien. Es muy fácil subirse al carro cuando se levante, esta misma temporada espero, la décima Copa de Europa, pero es en las malas, en los momentos de duda, cuando se demuestra el madridismo de verdad.
El otro día un amigo, lector habitual de El País, me comentaba que se había quedado de piedra al leer en ese diario una crónica favorable al Real Madrid. Lástima, me decía, que poco después sonara el despertador que hizo añicos ese dulce sueño, demasiado bonito para ser verdad. Todo llegará.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
PRESIDENTE A 50 EUROS EL VOTO Y OTRAS ANÉCDOTAS DE LA CASA BLANCA
PRESIDENTE A 50 EUROS EL VOTO Y OTRAS ANÉCDOTAS DE LA CASA BLANCA
Llegar a la presidencia de los EEUU es una misión, a priori, casi imposible para cualquier mortal. El primer requisito es ser natural de ese país, lo que ya, de buenas a primeras, deja fuera a la mayor parte del planeta. El segundo obstáculo, no menos importante y limitador, es el dinero. Hacen falta montañas de dólares para intentar acceder a la Casa Blanca. Concretamente en estas elecciones se han batido todos los registros y con diferencia. Barack Obama se ha dejado la friolera de 3.000 millones de dólares en su campaña electoral. Eso supone, haciendo una simple división, que cada unos de los casi 60 millones de votos obtenidos le ha salido por un pico, unos 50 dólares, que se dice pronto.
Claro, que siempre hay excepciones. En la historia de los Estados Unidos hay un presidente que no se gastó ni un centavo para llegar a ocupar el Despacho Oval por la sencilla razón de que tampoco recibió jamás un solo voto para llegar a la presidencia. Se trata de Gerald Ford, quien en 1974, siendo vicepresidente, sustituyó al dimitido Nixon como marca la ley. Además, se da la circunstancia de que tampoco había sido votado para la vicepresidencia, puesto al que llegó tras la dimisión del vicepresidente, Spiro Agnew, envuelto en un caso de corrupción. Una doble carambola le convirtió en el hombre mas poderoso del mundo sin haberse sometido al criterio de las urnas y, por tanto, sin gastar un dólar en campaña electoral alguna.
Ford fue un presidente atípico, tanto por la la forma de llegar al cargo como por el poco tiempo que lo desempeñó, menos de dos años y medio. Aunque en esto hay quien le supera ampliamente. El récord de brevedad en la Casa Blanca lo tiene el 9º presidente, William Henry Harrison, que duró tan solo un mes en la presidencia, del 4 de marzo al 4 de abril de 1841. Curiosamente comenzó a morir el día que pronunció el discurso inaugural, sin abrigo, a la intemperie, soportando unas gélidas temperaturas que hicieron que su frágil salud se quebrantara, hasta fallecer 30 días después a causa de una neumonía. Tenía 68 años y eso le convierte en el segundo presidente de más edad en alcanzar el poder, sólo superado por Ronald Reagan que llegó a la presidencia con 69, casi 70, en enero de 1981.
Las peculiaridades de William Henry Harrison no terminan aquí. Además de su brevedad y avanzada edad, también es el único presidente cuyo nieto ha alcanzado ese mismo puesto. Fue Benjamin Harrison, 23º presidente, que ganó las elecciones en 1889. No son, sin embargo, los únicos parientes directos que han tenido el privilegio de ocupar la Casa Blanca. George Bush, padre e hijo, son los mas recientes y los únicos en entregarse el testigo el uno al otro. Antes de ellos, separados por varios mandatos, figuran John Adams y John Quincy Adams, segundo y sexto presidentes respectivamente.
Mención destacada entre los inquilinos peculiares de la Casa Blanca merece el demócrata Grover Cleveland, 22º y 24º presidente. Es el único en la historia que ha repetido victoria electoral tras sufrir una derrota entre el primer y el segundo mandato. Y es uno de los dos presidente que ha contraído matrimonio ocupando ya el Despacho Oval (el otro fue John Tyler) . La boda de Gover Cleeveland se celebró en la Casa Blanca en 1886. Ella, Frances Folsom, tenía 21 años (la Primera Dama más joven que ha conocido EE.UU.) y él, que era además su tutor legal, había cumplido los 49.
La historia demuestra que el desempeño del cargo de presidente de los Estados Unidos es una misión arriesgada. El 30% de ellos han sufrido atentados contra su integridad física; cuatro fallecieron (Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy) y otros 9 salieron con vida (el primero Andrew Jackson y el último Ronald Reagan).
A pesar de todo, para la mayoría de los estadounidenses llegar a la presidencia es el mayor honor que pueden imaginar y la historia les demuestra que, en la llamada tierra de las oportunidades, el sueño americano puede hacerse realidad de vez en cuando. ¿Quién creería que un conocido actor pudiera llegar a la presidencia? Ronald Reagan lo hizo. ¿Quién apostaría un centavo porque un afroamericano, nacido en Hawái, de padre musulmán y de segundo nombre Hussein, pudiera alcanzar la Casa Blanca? Pues ahí lo tenemos, no elegido sino reelegido.
Mención destacada entre los inquilinos peculiares de la Casa Blanca merece el demócrata Grover Cleveland, 22º y 24º presidente. Es el único en la historia que ha repetido victoria electoral tras sufrir una derrota entre el primer y el segundo mandato. Y es uno de los dos presidente que ha contraído matrimonio ocupando ya el Despacho Oval (el otro fue John Tyler) . La boda de Gover Cleeveland se celebró en la Casa Blanca en 1886. Ella, Frances Folsom, tenía 21 años (la Primera Dama más joven que ha conocido EE.UU.) y él, que era además su tutor legal, había cumplido los 49.
La historia demuestra que el desempeño del cargo de presidente de los Estados Unidos es una misión arriesgada. El 30% de ellos han sufrido atentados contra su integridad física; cuatro fallecieron (Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy) y otros 9 salieron con vida (el primero Andrew Jackson y el último Ronald Reagan).
A pesar de todo, para la mayoría de los estadounidenses llegar a la presidencia es el mayor honor que pueden imaginar y la historia les demuestra que, en la llamada tierra de las oportunidades, el sueño americano puede hacerse realidad de vez en cuando. ¿Quién creería que un conocido actor pudiera llegar a la presidencia? Ronald Reagan lo hizo. ¿Quién apostaría un centavo porque un afroamericano, nacido en Hawái, de padre musulmán y de segundo nombre Hussein, pudiera alcanzar la Casa Blanca? Pues ahí lo tenemos, no elegido sino reelegido.
miércoles, 24 de octubre de 2012
El PSOE pierde los nervios y los votos, pero Rubalcaba ni se plantea dimitir
El PSOE pierde los nervios y los votos, pero Rubalcaba ni se plantea dimitir
"Está claro que el del PP que no es un faltón, es que no es del PP". Hace unas horas me topé en Twitter con esta ofensiva frase. No la ha escrito un simple ciudadano mas o menos enfadado con el gobierno, no. La ha escrito nada menos que el líder del PSOE en el ayuntamiento de Valladolid, Óscar Puente (@oscar_puente_), último candidato de ese partido a la alcaldía de la capital de Castilla y León. Quizás eso explique porqué en los pasados comicios municipales los socialistas obtuvieron allí el peor resultado de su historia, tanto en número de votos como en número de concejales.
El nerviosismo que trasluce el insulto de este señor a los votantes/simpatizantes/afiliados del PP es una perfecta metáfora de la situación que atraviesa el Partido Socialista en estos momentos. Una formación a la deriva, un enfermo que quedó en estado de máxima gravedad tras las últimas elecciones generales y que, ahora, tras los descalabros de Galicia y el País Vasco, ha entrado en coma. Y eso es muy malo para España, que en momentos críticos como los que vivimos necesita una oposición fuerte que sepa apretar al Gobierno si es preciso y, sobre todo, tenderle la mano en el momento que sea necesario, cuando, por ejemplo, haya que defender la unidad de España ante el acoso de los nacionalistas, o cuando se necesite mostrar fortaleza y unidad ante el ataque de los mercados. Pero, en lugar de eso, nos encontramos con un partido cuyo secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, bastante tiene, el pobre, con vigilar su espalda, con mirar por el retrovisor no sea que alguien de los suyos se le acerque, navaja en mano, a reclamar su sillón.
El PSOE, ante ese desgobierno, se ha convertido en una jaula de grillos, en la que cada cuál dice lo que le parece, sin que sus palabras respondan a un guión de proyecto nacional. Lo mismo sale este Óscar Puente desde Valladolid a insultar a los votantes del PP, que desde Bruselas llega una eurodiputada del PSC, María Badía, a alertar a la UE de un "posible uso por parte de España de la violencia militar contra el pueblo catalán". ¡Toma ya! Y esto ocurre solo unos días después de que el líder del Partido Socialista en Madrid, Tomás Gómez, llamase ladrones a los abuelos de los diputados autonómicos del PP. Los socialistas han pagado en las urnas todo esto, que no es más que una grave falta de identidad y de proyecto. Los ciudadanos ya no sabemos si el PSOE es el que pacta con el PP para reformar la Constitución o el que redacta en Cataluña, Montilla mediante, un Estatuto inconstitucional que fue maquillado por el Congreso, primero, y por el Tribunal Constitucional, después. Los votantes ignoramos si el PSOE quiere buscar pactos de Estado con el gobierno o "levantar un muro enorme" delante del él, como dijo hace poco el propio Rubalcaba. Y los españoles desconocemos si el PSOE quiere un proyecto federal para España, o bien defiende el Estado de las Autonomías, o por el contrario coquetea con la autodeterminación, como hacen en Cataluña y el País Vasco. Y así ocurre con casi todo.
Rubalcaba tiene la ardua tarea de intentar poner orden dentro de su barco, pero sus dos manos no dan abasto para tapar las múltiples vías de agua que se van abriendo en el casco cada día, las últimas tras encallar en Galicia y el País Vasco. Este miércoles ha salido de la cueva. Tres días ha tardado en dar la cara, para decir que no dimite, que va a continuar "hasta el final", entre otras cosas porque, según cuenta, nadie le ha hablado de dimisión "ni en el despacho, ni por teléfono, ni siquiera por un tuit". Bonita frase, pero falsa. La misma noche del funesto domingo electoral la ex ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, escribió un tuit conciso y contundente: "Esperando que Rubalcaba anuncie su dimisión". Otros, como Odón Elorza y Juan Fernando López Aguilar, si bien no han sido tan explícitos, tampoco han ahorrado en críticas.
Pero más allá de eso, cabe preguntarse si Rubalcaba debería dimitir. A bote pronto podría parecer lo lógico. Hay razones de sobra: el PSOE no levanta cabeza, sufre un descalabro electoral tras otro, algunos de sus compañeros de partido le cuestionan. Sin embargo, bien pensado, la idea puede resultar aterradora. Y no porque Rubalcaba se baje del tren, sino porque los maquinistas que se barajan para sustituirle a los mandos dan miedo. Los Tomás Gómez, Carme Chacón, Patxi López, etc, encarnan a la perfección ese refrán tan manido de que "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Es cierto que siempre podría surgir algún tapado, alguien inesperado que tome las riendas del partido por sorpresa. Pero la experiencia reciente nos dice que esos experimentos pueden acabar en otro ZP, pueden terminar aupando a otra Leire Pajín a una cartera ministerial o a un Óscar Puente a competir por la alcaldía de Valladolid. Y que quieren que les diga, para eso nos quedamos con Rubalcaba.
"Está claro que el del PP que no es un faltón, es que no es del PP". Hace unas horas me topé en Twitter con esta ofensiva frase. No la ha escrito un simple ciudadano mas o menos enfadado con el gobierno, no. La ha escrito nada menos que el líder del PSOE en el ayuntamiento de Valladolid, Óscar Puente (@oscar_puente_), último candidato de ese partido a la alcaldía de la capital de Castilla y León. Quizás eso explique porqué en los pasados comicios municipales los socialistas obtuvieron allí el peor resultado de su historia, tanto en número de votos como en número de concejales.
El nerviosismo que trasluce el insulto de este señor a los votantes/simpatizantes/afiliados del PP es una perfecta metáfora de la situación que atraviesa el Partido Socialista en estos momentos. Una formación a la deriva, un enfermo que quedó en estado de máxima gravedad tras las últimas elecciones generales y que, ahora, tras los descalabros de Galicia y el País Vasco, ha entrado en coma. Y eso es muy malo para España, que en momentos críticos como los que vivimos necesita una oposición fuerte que sepa apretar al Gobierno si es preciso y, sobre todo, tenderle la mano en el momento que sea necesario, cuando, por ejemplo, haya que defender la unidad de España ante el acoso de los nacionalistas, o cuando se necesite mostrar fortaleza y unidad ante el ataque de los mercados. Pero, en lugar de eso, nos encontramos con un partido cuyo secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, bastante tiene, el pobre, con vigilar su espalda, con mirar por el retrovisor no sea que alguien de los suyos se le acerque, navaja en mano, a reclamar su sillón.
El PSOE, ante ese desgobierno, se ha convertido en una jaula de grillos, en la que cada cuál dice lo que le parece, sin que sus palabras respondan a un guión de proyecto nacional. Lo mismo sale este Óscar Puente desde Valladolid a insultar a los votantes del PP, que desde Bruselas llega una eurodiputada del PSC, María Badía, a alertar a la UE de un "posible uso por parte de España de la violencia militar contra el pueblo catalán". ¡Toma ya! Y esto ocurre solo unos días después de que el líder del Partido Socialista en Madrid, Tomás Gómez, llamase ladrones a los abuelos de los diputados autonómicos del PP. Los socialistas han pagado en las urnas todo esto, que no es más que una grave falta de identidad y de proyecto. Los ciudadanos ya no sabemos si el PSOE es el que pacta con el PP para reformar la Constitución o el que redacta en Cataluña, Montilla mediante, un Estatuto inconstitucional que fue maquillado por el Congreso, primero, y por el Tribunal Constitucional, después. Los votantes ignoramos si el PSOE quiere buscar pactos de Estado con el gobierno o "levantar un muro enorme" delante del él, como dijo hace poco el propio Rubalcaba. Y los españoles desconocemos si el PSOE quiere un proyecto federal para España, o bien defiende el Estado de las Autonomías, o por el contrario coquetea con la autodeterminación, como hacen en Cataluña y el País Vasco. Y así ocurre con casi todo.
Rubalcaba tiene la ardua tarea de intentar poner orden dentro de su barco, pero sus dos manos no dan abasto para tapar las múltiples vías de agua que se van abriendo en el casco cada día, las últimas tras encallar en Galicia y el País Vasco. Este miércoles ha salido de la cueva. Tres días ha tardado en dar la cara, para decir que no dimite, que va a continuar "hasta el final", entre otras cosas porque, según cuenta, nadie le ha hablado de dimisión "ni en el despacho, ni por teléfono, ni siquiera por un tuit". Bonita frase, pero falsa. La misma noche del funesto domingo electoral la ex ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, escribió un tuit conciso y contundente: "Esperando que Rubalcaba anuncie su dimisión". Otros, como Odón Elorza y Juan Fernando López Aguilar, si bien no han sido tan explícitos, tampoco han ahorrado en críticas.
Pero más allá de eso, cabe preguntarse si Rubalcaba debería dimitir. A bote pronto podría parecer lo lógico. Hay razones de sobra: el PSOE no levanta cabeza, sufre un descalabro electoral tras otro, algunos de sus compañeros de partido le cuestionan. Sin embargo, bien pensado, la idea puede resultar aterradora. Y no porque Rubalcaba se baje del tren, sino porque los maquinistas que se barajan para sustituirle a los mandos dan miedo. Los Tomás Gómez, Carme Chacón, Patxi López, etc, encarnan a la perfección ese refrán tan manido de que "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Es cierto que siempre podría surgir algún tapado, alguien inesperado que tome las riendas del partido por sorpresa. Pero la experiencia reciente nos dice que esos experimentos pueden acabar en otro ZP, pueden terminar aupando a otra Leire Pajín a una cartera ministerial o a un Óscar Puente a competir por la alcaldía de Valladolid. Y que quieren que les diga, para eso nos quedamos con Rubalcaba.
domingo, 21 de octubre de 2012
Bildu, por encima del triunfo gallego del PP y de la debacle socialista
Que el PP haya logrado ampliar la mayoría absoluta en Galicia, a pesar de la crisis, los recortes y la alargada sombra del rescate, es un enorme triunfo para Feijóo y para los gallegos, que se alejan de tripartitos y experimentos que históricamente han traído muchos quebraderos de cabeza. Y es también un gran espaldarazo para Rajoy y, por extensión, para el Gobierno.
Pero a pesar de todo, no me parece eso, ni mucho menos, lo más significativo de la noche electoral. Más trascendental es la debacle del PSOE tanto en Galicia como en el País Vasco. Y no porque deje a su líder, Pérez Rubalcaba, a la deriva, sin timón y con muy pocos argumentos con los que mantenerse en el cargo, sino porque el PSOE entra directamente en la UCI. Y eso es malo para España en particular y para la democracia en general, que pide a gritos un partido fuerte en la oposición tanto para criticar cuando haga falta, como para pactar cuando sea necesario. Pero la realidad es que el PSOE está a un paso de dejar de ser la fuerza hegemónica de la izquierda, abriendo la puerta a partidos de ultraizquierda, radicalizados, que van ocupando el hueco que dejan los socialistas cada vez que pasan por el examen de las urnas. Rubalcaba no sólo ha sido incapaz de aprovechar el desgaste sufrido por el PP en estos diez meses de gobierno, es que ha logrado lo que parecía imposible, que su partido siga hundiéndose por debajo de esos 110 escaños de las pasada elecciones generales.
Habrá tiempo de analizarlo, pero a mi juicio los socialistas se desploman por dos razones: la primera, que no la más importante, porque los ciudadanos les hacen responsables en buena medida de los males que sufre España. Y en segundo lugar, y aquí está la clave, porque han perdido su identidad, no saben qué son, ni que quieren ser. Es muy difícil distinguir si el PSOE es el del discurso nacionalista que se escucha desde sus filas en Cataluña o el que improvisa en Madrid una propuesta de estado federal indefinido e inconcreto. Es aún más complicado saber qué medidas realistas propone como alternativa a la política de recortes y reformas del gobierno popular, y es casi imposible tener claro si pretende hacer una política que busque pactos y diálogo o que persiga levantar un muro que le separe del PP.
Pero la debacle socialista, aún siendo una muy mala noticia para España, tampoco es lo más importante que nos ha dejado la doble cita electoral gallega y vasca. Lo más preocupante es lo que ha ocurrido con los proetarras de Bildu. Se nos ha vendido en los últimos meses, fundamentalmente desde el PSOE, que ETA estaba derrotada y acabada ¡Pues menos mal! La realidad siempre acaba por imponerse y ahí tenemos a ETA/Bildu consolidada, de largo, como la segunda fuerza en Euskadi con 21 escaños en el parlamento vasco, con casi 300.000 votos en su mochila, y con su arsenal de armas y su estructura asesina intactas. Y no me vale eso de que ETA ya no mata. No asesina porque ahora mismo no le interesa, porque está consiguiendo sus objetivos políticos por otros medios. Y entre el PSOE y el PP le han echo el caldo gordo. La prueba más evidente la hemos tenido este mismo domingo. Patxi López ha visto cómo un grupo de radicales ha intentado impedir que ejerciera su derecho al voto y, a pesar de eso, nada más salir del colegio electoral ha dicho que "es la primera vez que elegimos un parlamento vasco en libertad". No es verdad. No hay libertad cuando una de las partes habla de democracia pero guarda la pistola en el cajón, y no hay libertad cuando miles y miles de vascos no han podido votar porque tuvieron que marcharse de su tierra huyendo de las amenazas de esos mismos que han obtenido 21 escaños.
De aquellos polvos que nos dejó la sentencia del Tribunal Constitucional tenemos ahora estos lodos. Porque hay que recordar, por si alguno lo ha olvidado, que el Constitucional, por un sólo voto, fue el único que creyó que Bildu no era ETA. La Policía, la Guardia Civil, la Fiscalía, la Abogacía del Estado y el Tribunal Supremo vieron pruebas de sobra de que Bildu no era mas que la nueva marca electoral etarra. La historia ya no se puede reescribir y ahora tenemos que lidiar con este problemón de consecuencias imprevisibles. El País Vasco y España, siento decirlo, se adentran peligrosamente en un callejón sin salida.
Pero a pesar de todo, no me parece eso, ni mucho menos, lo más significativo de la noche electoral. Más trascendental es la debacle del PSOE tanto en Galicia como en el País Vasco. Y no porque deje a su líder, Pérez Rubalcaba, a la deriva, sin timón y con muy pocos argumentos con los que mantenerse en el cargo, sino porque el PSOE entra directamente en la UCI. Y eso es malo para España en particular y para la democracia en general, que pide a gritos un partido fuerte en la oposición tanto para criticar cuando haga falta, como para pactar cuando sea necesario. Pero la realidad es que el PSOE está a un paso de dejar de ser la fuerza hegemónica de la izquierda, abriendo la puerta a partidos de ultraizquierda, radicalizados, que van ocupando el hueco que dejan los socialistas cada vez que pasan por el examen de las urnas. Rubalcaba no sólo ha sido incapaz de aprovechar el desgaste sufrido por el PP en estos diez meses de gobierno, es que ha logrado lo que parecía imposible, que su partido siga hundiéndose por debajo de esos 110 escaños de las pasada elecciones generales.
Habrá tiempo de analizarlo, pero a mi juicio los socialistas se desploman por dos razones: la primera, que no la más importante, porque los ciudadanos les hacen responsables en buena medida de los males que sufre España. Y en segundo lugar, y aquí está la clave, porque han perdido su identidad, no saben qué son, ni que quieren ser. Es muy difícil distinguir si el PSOE es el del discurso nacionalista que se escucha desde sus filas en Cataluña o el que improvisa en Madrid una propuesta de estado federal indefinido e inconcreto. Es aún más complicado saber qué medidas realistas propone como alternativa a la política de recortes y reformas del gobierno popular, y es casi imposible tener claro si pretende hacer una política que busque pactos y diálogo o que persiga levantar un muro que le separe del PP.
Pero la debacle socialista, aún siendo una muy mala noticia para España, tampoco es lo más importante que nos ha dejado la doble cita electoral gallega y vasca. Lo más preocupante es lo que ha ocurrido con los proetarras de Bildu. Se nos ha vendido en los últimos meses, fundamentalmente desde el PSOE, que ETA estaba derrotada y acabada ¡Pues menos mal! La realidad siempre acaba por imponerse y ahí tenemos a ETA/Bildu consolidada, de largo, como la segunda fuerza en Euskadi con 21 escaños en el parlamento vasco, con casi 300.000 votos en su mochila, y con su arsenal de armas y su estructura asesina intactas. Y no me vale eso de que ETA ya no mata. No asesina porque ahora mismo no le interesa, porque está consiguiendo sus objetivos políticos por otros medios. Y entre el PSOE y el PP le han echo el caldo gordo. La prueba más evidente la hemos tenido este mismo domingo. Patxi López ha visto cómo un grupo de radicales ha intentado impedir que ejerciera su derecho al voto y, a pesar de eso, nada más salir del colegio electoral ha dicho que "es la primera vez que elegimos un parlamento vasco en libertad". No es verdad. No hay libertad cuando una de las partes habla de democracia pero guarda la pistola en el cajón, y no hay libertad cuando miles y miles de vascos no han podido votar porque tuvieron que marcharse de su tierra huyendo de las amenazas de esos mismos que han obtenido 21 escaños.
De aquellos polvos que nos dejó la sentencia del Tribunal Constitucional tenemos ahora estos lodos. Porque hay que recordar, por si alguno lo ha olvidado, que el Constitucional, por un sólo voto, fue el único que creyó que Bildu no era ETA. La Policía, la Guardia Civil, la Fiscalía, la Abogacía del Estado y el Tribunal Supremo vieron pruebas de sobra de que Bildu no era mas que la nueva marca electoral etarra. La historia ya no se puede reescribir y ahora tenemos que lidiar con este problemón de consecuencias imprevisibles. El País Vasco y España, siento decirlo, se adentran peligrosamente en un callejón sin salida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)