lunes, 12 de noviembre de 2012

EL ANTIMADRIDISMO EN CASA

EL ANTIMADRIDISMO, UN VIRUS MUY CONTAGIOSO QUE SE HA METIDO EN CASA

Que el Real Madrid sea centro de atención de la prensa de todo el mundo, atención casi obsesiva por parte de la española, es de lo más natural. No en vano es el club mas grande, famoso y  laureado del planeta. Ningún madridista puede extrañarse de que el resultado de un partido de pretemporada, cualquier fichaje o salida de un jugador, el más mínimo movimiento en las estructuras del club, o la mas insignificante anécdota de alguna de las superestrellas del equipo, sean analizados con lupa por los medios de comunicación como si se tratara de decisiones tomadas en la otra Casa Blanca, la de Washington D.C.
Todo eso es normal. Lo que no lo es tanto es que se mida al Madrid con una vara exclusiva y diferente a la que se utiliza para juzgar a los demás equipos, incluido el eterno rival, el Barcelona. No es que el Madrid no se equivoque nunca. Por supuesto que lo hace y, a veces, de forma mayúscula. Pero lo que no puede ser es que se equivoque siempre, no puede ser que nunca juegue bien, que nunca haga nada bien. Y hemos llegado a un punto en el que el club, privado por cierto, es cuestionado y criticado absolutamente por todo lo que hace y también por lo que no hace. Si  ficha a Cristiano Ronaldo por casi 100 millones de euros, la cosa se convierte, gracias a una enorme campaña mediática, en un escándalo mayúsculo. Años después ya nadie se atreve a cuestionar el negocio deportivo y económico que ha supuesto la contratación del astro portugués. Por contra esa misma prensa no dedica ni cuatro líneas a criticar que el Barça, por ejemplo, contrate por 30 millones y por capricho de San Pep, a un central de medio pelo llamado Chigrinsky, fracasado y vendido la temporada siguiente por la mitad de dinero.
Si el club blanco ficha jugadores extranjeros, muchos voceros del antimadridismo disfrazados de periodistas,  le critican por el "desprecio hacia nuestros jugadores", por desespañolizar el equipo, etc, etc. Eso sí, los mismos voceros, se tiran a la yugular cuando el club blanco se interesa por un jugador español de otro equipo de la Liga y le acusan de "tirar de talonario", de "actuar de manera imperialista", de "atracar" al indefenso club que va a recibir una ingente cantidad de dinero por su jugador quien, por cierto, se marcha voluntariamente, sin pistolas en la sien ni secuestros de por medio. Casos paradigmáticos de esto que digo son el de Villa y, mas atrás, el de Mendieta. Ambos acabaron en otros equipos simplemente porque se entendía como una agresión del Real Madrid el intento de ficharlos. Inexplicable.

La doble vara de medir tiene múltiples ejemplos mas. Uno de los mas sangrantes, a mi juicio, es el diferente trato mediático que se da a los dos mejores jugadores del planeta, Cristiano Ronaldo y Messi. Si CR7 hace un gesto de reproche al público el jugador es inmediatamente objeto de criticas despiadadas que se saltan por alto el pequeño detalle de que el estadio al unísono se pasa 90 minutos insultando gravemente al jugador y a su familia. Eso no se cuenta. En cambio, a Messi se le perdona e incluso se le ríe, casi como una gracia, el balonazo intencionado al público del Santiago Bernabéu.

Podríamos seguir con ejemplos así una semana entera, porque la prensa (salvo excepciones) ha creado y fomentado múltiples tópicos sobre el Real Madrid, tanto deportivos como extradeportivos, que son falsos e injustos como todos los tópicos. Esas insidias se sueltan a diario en las páginas de los periódicos, en las ondas radiofónicas y en las pantallas de televisión, a veces como una lluvia fina y constante y otras en forma de tormenta huracanada. El resultado es que las críticas, entre las que ya es imposible distinguir las que pueden ser justas de las caprichosas o interesadas, calan hasta los huesos en la opinión pública.

Lo más preocupante, sin embargo, es que ese virus del antimadridismo se ha contagiado entre la propia afición merengue. La enfermedad se puede observar a simple vista en cualquier barra de bar, en cualquier tertulia de oficina y, lo que es peor, en las gradas del mismísimo Santiago Bernabéu. El público ya no anima a su equipo como antaño, muchos aficionados se marchan antes de que el árbitro pite el final, incluso en partidos tan importantes como el del otro día contra el Borussia Dortmund. Se respira la sensación de que los jugadores están en un continuo examen y da la impresión de que hay una parte de la afición que espera con ansiedad el fallo para poder recriminarlo. Ni siquiera CR7 que lleva 58 goles en lo que va de 2012 se libra de los pitidos cuando un disparo suyo no encuentra portería.

No estoy de acuerdo con la expresión de "madridistas disfrazados" que se ha utilizado para describir esos y otros comportamientos. Mas bien los definiría como "madridistas enfermos", que son madridistas de corazón que sin embargo han sido contagiados por el virus que inoculan continuamente "manolos", "países" y "marcas" diversos. O los madridistas nos defendemos de eso o estamos perdidos porque acabamos teniendo al enemigo en casa. Las críticas objetivas son sanas y la autocrítica es esencial para mejorar. Pero también es primordial el apoyo incondicional de la afición cuando el balón está en movimiento, y cuando las cosas no van del todo bien. Es muy fácil subirse al carro cuando se levante, esta misma temporada espero, la décima Copa de Europa, pero es en las malas, en los momentos de duda,  cuando se demuestra el madridismo de verdad.

El otro día un amigo, lector habitual de El País, me comentaba que se había quedado de piedra al leer en ese diario una crónica favorable al Real Madrid. Lástima, me decía, que poco después sonara el despertador que hizo añicos ese dulce sueño, demasiado bonito para ser verdad. Todo llegará.


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