No sé si la idea de dar permiso de residencia al extranjero que compre un piso en España será eficaz o no para acabar con el stock de viviendas. Lo que sí sé es que la mayor parte de las críticas que he leído y escuchado carecen del más mínimo razonamiento y apelan a argumentos de barra de bar: que si se vende España, que si se favorece la entrada de mafias rusas y chinas, que si se discrimina a unos inmigrantes respecto a otros.
Dejemos clara una cosa, residir en España no es un derecho universal de todo ser humano. Por eso, desde mi punto de vista, no sólo hay que reclamar, sino exigir, al Gobierno que discrimine, que seleccione al inmigrante. ¡Faltaría más! Es un principio lógico y elemental en la política inmigratoria de cualquier país. Lo que no es lógico es lo de "papeles para todos" que impulsó durante unos años, oh casualidad, el gobierno de Zapatero, tan progre y tan buenista él, que nos llevó al precipicio.
Lo normal y lo exigible, insisto, es que se aplique un filtro a los extranjeros que quieran residir en nuestro país. Ese filtro, como es lógico, no puede ser el color de los ojos, la estatura o el peso de la persona que solicita la residencia. El único criterio posible debe ser el del interés propio del país que acoge al inmigrante, con la única excepción de los motivos humanitarios. Me explico. España debe dar permiso de residencia a dos tipos de inmigrantes. Por un lado, a los que vengan a cubrir la falta de mano de obra en un sector determinado, como ha ocurrido años atrás, sin ir mas lejos, con la construcción. Por otro, a los que vengan a invertir en nuestro país, bien sea dinero o conocimientos. En este segundo grupo se engloban los extranjeros que vienen a comprar una vivienda a España, los empresarios que se establecen aquí y, también, los profesionales cualificados que llegan a enriquecer el país con sus conocimientos. Y luego están las excepciones, los inmigrantes a los que España acoge por motivos humanitarios, por ejemplo, los menores que llegan en patera y los que sufren persecución política en su país de origen.
Por eso, a la hora de valorar la medida que estudia el gobierno, dar el permiso de residencia a cambio de la compra de una vivienda, hay que dejarse de demagogias y contestar una pregunta muy simple: ¿es interesante o conveniente para España, mas allá de que discrimine a unos respecto a otros o favorezca a rusos y a chinos sobre etiópes y argelinos? Si la respuesta es sí no hay duda, adelante. Si la respuesta es no, pues directamente habrá que rechazarla.
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