miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mas fracasa. Los catalanes prefieren el original a la copia

El proyecto independentista de CiU ha resultado ser como las preferentes, un timo. Y Artur Mas se ha destapado como el director de sucursal con pocos escrúpulos que engañó a la viejecilla de turno haciéndole poner sus ahorros e ilusiones en un producto abocado al fracaso. Más ha vendido un plan precioso para los que sueñan con la secesión: una Cataluña independiente, pujante, alejada de la España que le roba su dinero y le oprime como pueblo. También, como en el caso de las preferentes, ha preferido no leer al cliente la letra pequeña: no tiene armas legales para independizarse y, en el hipotético caso de lograrlo, Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea, sin euro y aislada comercial y políticamente. Y un detalle adicional. También, como ocurrió con las preferentes, se olvidó de decirle a los votantes que el plan no tenía fecha de vencimiento, y que los secesionistas bien podrían tener que esperar al próximo milenio para llevarse los dividendos, si es que estos llegaban alguna vez.

Tan sólo hay un detalle, decisivo, en el que el timo de Mas no se ha parecido al de las preferentes. Los votantes o clientes esta vez sí han sido advertidos del engaño. Desde alguna prensa, desde el Gobierno y desde la Unión Europea se les ha dicho por activa y por pasiva que ese plan soberanista era un timo, un engañabobos y que el presidente catalán era un director de sucursal sin escrúpulos que, por si fuera poco, mientras habla de expolio al pueblo catalán es él, presuntamente, quien le roba el dinero a los catalanes. Y ahí están los resultados. Más se ha pegado el gran batacazo. No le salen las cuentas, sólo las de Suiza, y la mayoría absoluta está tan lejos como Lausana.

Ahora bien, a pesar de todo, a pesar de los avisos sobre lo inviable de la locura secesionista, muchos catalanes han caído en la trampa y han votado independentismo. No el de Mas sino el de Esquerra Republicana, el partido que más crece. Y la cosa tiene una lógica aplastante, puestos a elegir han preferido el original a la copia. Es muy parecido a lo que le ocurrió al PNV con Bildu, que de tanto coquetear con sus planteamientos acabo con los proetarras subidos a su chepa. El caso es que en Cataluña muchos han visto clara la jugada. Mas se ha vuelto un feroz independentista de la noche a la mañana, pero ha se ha visto a la legua que era tan falso como duro de madera. Su estrategia de tinta de calamar, de tapar la corrupción y los recortes a fuerza de poner delante de los ojos la estelada, le ha salido rana. Para quemar banderas de España son mejores los de siempre, los que llevan toda la vida en ese negocio, los de Esquerra, que han doblado su número de escaños.

La conclusión es obvia, Mas ha engordado el monstruo del independentismo, que ha terminado por devorarle. Flaco favor se ha hecho a sí mismo, a Cataluña y a España. A él mismo porque que ha fracasado, a una buena parte de Cataluña, porque va a vivir la frustración de no alcanzar jamás el pastel de la independencia que le han enseñado al otro lado del escaparate, y a España, porque va a tener que lidiar con la locura de esos catalanes secesionistas, que ya no se van a conformar con quemar de vez en cuando una rojigualda sino que van a tratar de romper a toda costa el cristal del escaparate, aún a sabiendas de que es un cristal blindado.



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