domingo, 21 de octubre de 2012

Bildu, por encima del triunfo gallego del PP y de la debacle socialista

Que el PP haya logrado ampliar la mayoría absoluta en Galicia, a pesar de la crisis, los recortes y la alargada sombra del rescate, es un enorme triunfo para Feijóo y para los gallegos, que se alejan de tripartitos y experimentos que históricamente han traído muchos quebraderos de cabeza. Y es también un gran espaldarazo para Rajoy y, por extensión, para el Gobierno.

Pero a pesar de todo, no me parece eso, ni mucho menos, lo más significativo de la noche electoral. Más trascendental es la debacle del PSOE tanto en Galicia como en el País Vasco. Y no porque deje a su líder, Pérez Rubalcaba, a la deriva, sin timón y con muy pocos argumentos con los que mantenerse en el cargo, sino porque el PSOE  entra directamente en la UCI. Y eso es malo para España en particular y para la democracia en general, que pide a gritos un partido fuerte en la oposición tanto para criticar cuando haga falta, como para pactar cuando sea necesario. Pero la realidad es que el PSOE está a un paso de dejar de ser la fuerza hegemónica de la izquierda, abriendo la puerta a partidos de ultraizquierda, radicalizados, que van ocupando el hueco que dejan los socialistas cada vez que pasan por el examen de las urnas. Rubalcaba no sólo ha sido incapaz de aprovechar el desgaste sufrido por el PP en estos diez meses de gobierno, es que ha logrado lo que parecía imposible, que su partido siga hundiéndose por debajo de esos 110 escaños de las pasada elecciones generales.

Habrá tiempo de analizarlo, pero a mi juicio los socialistas se desploman por dos razones: la primera, que no la más importante, porque los ciudadanos les hacen responsables en buena medida de los males que sufre España. Y en segundo lugar, y aquí está la clave, porque han perdido su identidad, no saben qué son, ni que quieren ser. Es muy difícil distinguir si el PSOE es el del discurso nacionalista que se escucha desde sus filas en Cataluña o el que improvisa en Madrid una propuesta de estado federal indefinido e inconcreto. Es aún más complicado saber qué medidas realistas propone como alternativa a la política de recortes y reformas del gobierno popular, y es casi imposible tener claro si pretende hacer una política que busque pactos y diálogo o que persiga levantar un muro que le separe del PP.

Pero la debacle socialista, aún siendo una muy mala noticia para España, tampoco es lo más importante que nos ha dejado la doble cita electoral gallega y vasca. Lo más preocupante es lo que ha ocurrido con los proetarras de Bildu. Se nos ha vendido en los últimos meses, fundamentalmente desde el PSOE, que ETA estaba derrotada y acabada ¡Pues menos mal! La realidad siempre acaba por imponerse y ahí tenemos a ETA/Bildu consolidada, de largo, como la segunda fuerza en Euskadi con 21 escaños en el parlamento vasco, con casi 300.000 votos en su mochila, y con su arsenal de armas y su estructura asesina intactas. Y no me vale eso de que ETA ya no mata. No asesina porque ahora mismo no le interesa, porque está consiguiendo sus objetivos políticos por otros medios. Y entre el PSOE y el PP le han echo el caldo gordo. La prueba más evidente la hemos tenido este mismo domingo. Patxi López  ha visto cómo un grupo de radicales ha intentado impedir que ejerciera su derecho al voto y, a pesar de eso, nada más salir del colegio electoral ha dicho que "es la primera vez que elegimos un parlamento vasco en libertad". No es verdad. No hay libertad cuando una de las partes habla de democracia pero guarda la pistola en el cajón, y no hay libertad cuando miles y miles de vascos no han podido votar porque tuvieron que marcharse de su tierra huyendo de las amenazas de esos mismos que han obtenido 21 escaños.


De aquellos polvos que nos dejó la sentencia del Tribunal Constitucional tenemos ahora estos lodos. Porque hay que recordar, por si alguno lo ha olvidado, que el Constitucional, por un sólo voto, fue el único que creyó que Bildu no era ETA. La Policía, la Guardia Civil, la Fiscalía, la Abogacía del Estado y el Tribunal Supremo vieron pruebas de sobra de que Bildu no era mas que la nueva marca electoral etarra. La historia ya no se puede reescribir y ahora tenemos que lidiar con este problemón de consecuencias imprevisibles. El País Vasco y España, siento decirlo, se adentran peligrosamente en un callejón sin salida.

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