lunes, 15 de octubre de 2012
Carromero, una farsa a la cubana
Ángel Carromero ha tenido suerte. La dictadura cubana ha decidido condenarle a sólo 4 años de prisión. Podría haber sido peor, mucho peor. Porque en un régimen dictatorial como el cubano, en lugar de haberle acusado de doble homicidio involuntario podrían haberle sentado en el banquillo por alta traición, espionaje, o cualquier otro capricho de los sátrapas que allí gobiernan, y haberle fusilado al amanecer. Suena muy duro, pero de hecho cosas así, o peores, han sucedido a menudo en los últimos cincuenta y tantos años, desde que Fidel bajó de las montañas (crucifijo en mano, por cierto) para traer la justicia social, ironías de la vida, a esa isla caribeña. Probablemente no lo han hecho porque simplemente buscan un dar un aviso a navegantes, sin provocar un conflicto internacional.
Me niego a llamar juicio a ese teatrillo que se ha montado en Bayamo. La sala primera de lo penal del Tribunal Provincial de Granma bien podría llamarse Circo de los Hermanos Castro o Teatro de la Liberación. De verdad, ¿alguien en su sano juicio puede creer que un político extranjero que apoya a la disidencia puede tener un proceso judicial con garantías en la dictadura cubana? Nadie en ninguna dictadura tiene la más mínima garantía de que sus derechos fundamentales van a ser respetados, entre ellos el de un juicio justo. Pero si, además, el que se sienta en el banquillo es un enemigo declarado del régimen, apaga y vámonos. La sentencia y la pena consiguiente podrían haber sido dictadas desde cualquier despacho oficial antes incluso de celebrarse el juicio. Es de cajón.
Este caso del dirigente de Nuevas Generaciones del PP es un claro ejemplo de lo que digo. Analicemos los hechos. Carromero llega a Cuba con un visado turístico, pero sus intenciones no son las de hacer turismo sino que pretende apoyar a la disidencia. Para ello viaja en un coche de alquiler acompañado de otro político sueco y de dos disidentes de renombre, el líder del Movimiento Cristiano de Liberación, Oswaldo Payá, y el activista de esa misma organización, Harold Cepero.
Durante el viaje, con Carromero al volante, el coche se sale de la carretera y fallecen tanto Payá como Cepero, mientras que los dos políticos resultan heridos leves.¿Cuál es la reacción inmediata de las familias de los fallecidos?, ¿acusar a Carromero de imprudente, pedirle cuentas? No, todo lo contrario. Aseguran los familiares de Payá que el supuesto accidente es, en realidad, un atentado. Explican que un coche les embistió deliberadamente y les sacó de la carretera. Y citan a testigos oculares de los que nunca se ha vuelto a saber nada. Un hermano de Oswaldo Payá asegura entonces que el líder de la disidencia era seguido y vigilado las 24 horas del día por los servicios secretos cubanos y, lo que es mas grave, cuenta que un mes antes del accidente mortal otro vehículo le sacó de la calzada provocando un choque del que, esa vez, salió ileso.
Pues a pesar de lo que declaran los familiares de Payá y de que no hay acusación particular contra Carromero, la fiscalía cubana encierra al español y le pide nada menos que 7 años de cárcel por doble homicidio imprudente. La acusan de haber conducido a altísima velocidad por una carretera en obras y de haber ignorado las señales que advertían del peligro. Inmediatamente la maquinaria propagandística cubana se pone en marcha. Elaboran por ordenador una reconstrucción del accidente y la difunden a todos los medios extranjeros, junto a una grabación en vídeo de una declaración/autoinculpación del político del PP en la que reconoce que fue un accidente y no dice ni pío del supuesto atentado contra ellos. De nuevo pregunto, ¿alguien pretende que una declaración realizada por un preso que está a merced de unos dictadores tiene algún valor probatorio o resulta mínimamente creíble? Lo lógico, lo que dicta el sentido común, digo yo, será desconfiar, poner en cuarentena, la versión oficial de un régimen que fusila y encarcela a gente por el mero hecho de no aceptar la doctrina del tirano. Parece tan de perogrullo que no merece la pena ni discutirlo. Pero, sorprendentemente (o no tanto), aquí en España salen desde la izquierda a dar la cara por los hermanos dictadores. Y Cayo Lara, en un ejercicio miserable, llega a decir que estamos antes "un accidente de carretera más".
Y en ese escenario y con esos antecedentes se celebró hace unos días el mal llamado juicio a Carromero. Casualmente, varios periodistas cubanos, entre ellos la conocida blogera Yoanni Sánchez, fueron detenidos (retenidos según el eufemismo oficial cubano) durante 30 horas cuando acudían a informar sobre la vista oral,. Del juicio, además, no hay grabación alguna, ya que se prohibió la entrada a cámaras y fotógrafos de todos los medios de comunicación. Ni siquiera se permitió a los familiares de los fallecidos acudir a la vista oral.
El gobierno español ha mantenido un prudencial silencio sobre este asunto, lo que podría ser indicio de que esta historia terminará relativamente bien para Carromero. Es bastante probable que esté pactada ya una solución entre los gobiernos de España y Cuba: o bien las autoridades cubanas le expulsan de la isla o, como mucho, permiten que cumpla su condena en neustro país. Para quien no va a terminar nada bien es para Payá y Cepero. Y hay que decir alto y claro que ninguno de los dos es víctima de Carromero sino de ese Régimen que desde que nacieron ha pisoteado sus derechos fundamentales.
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