"¿Qué quieres, una hija o una medalla?" Esta pregunta se la hizo la ex gimnasta española María Pardo a su madre cuando física y psíquicamente se encontraba al límite, debido a los duros entrenamientos y las privaciones que pasó durante años en la selección española de gimnasia rítmica. Y es que el deporte de élite, no nos engañemos, roza en ocasiones la tortura física. Todos celebramos los triunfos, las medallas y las victorias de nuestros deportistas, pero debemos ser conscientes de que muchas veces detrás hay, no solo un enorme trabajo y sacrificio, también sufrimiento, lágrimas y dolor.
La natación sincronizada, centro de la polémica estos días, no es una excepción. Todas las nadadoras, tanto las defensoras como las acusadoras de la ex seleccionadora Anna Tarrés, reconocen que sin esos esfuerzos, a veces inhumanos, conseguir subir al podio en unos Juegos Olímpicos sencillamente es imposible.
Puede parecer aventurado decirlo, pero mucho me temo que no volveremos a ver una medalla olímpica de nuestra natación sincronizada en mucho tiempo.Y no es una intuición, es una mera comparación con lo sucedido hace años en otro deporte hiperexigente como es la gimnasia rítmica. Vamos a recordarlo. En 1982 la búlgara Emilia Boneva llegó a España para ponerse al frente de la selección nacional. Vino con unos métodos de entrenamiento y una disciplina propios de países del telón de acero. Y los frutos a ese trabajo llegaron pronto en forma de éxitos internacionales. El saldo de Boneva al frente de la seleccion fue espectacular: 42 medallas en campeonatos de Europa, mundiales y Juegos Olímpicos. El punto culminante llegó en Atlanta 96 con el oro olímpico en conjuntos. Poco después de eso Boneva dimitió, ahora veremos porqué, y la selección española comenzó su decadencia. Vivió un par de años de la inercia y a partir de 1998 desapareció del podio en todas las competiciones internacionales importantes. Un túnel muy largo del que ahora, 14 años después, comienza a verse el final con el cuarto puesto en los Juegos de Londres 2012.
La dimisión de Emilia Boneva llegó en diciembre de 1996 unos meses después de lograr la medalla de oro en Atlanta. Entre medias, algunos lo recordarán, estalló un escándalo por los métodos de entrenamiento inhumanos, los castigos y las privaciones alimenticias a las que eras sometidas las gimnastas. Es decir, algo muy similar a lo ocurrido ahora con Anna Tarrés y la sincronizada. La denunciante fue esa niña que preguntaba a sus padres desde una concentración de la selección nacional si preferían tener una medalla o una hija. María Pardo contó públicamente los excesos en los entrenamientos y las privaciones a las que eran sometidas las niñas en el chalet de la Federación en el que vivían permanentemente, lejos de sus familias. "Por la noche, cuando me metía en la cama, soñaba con la comida", confesó María, que contaba las broncas que recibía por engordar 400 gramos y cómo era castigada a comer solo la mitad de la ración habitual, ya de por sí escasa. Llegó a obsesionarse y bloquearse mentalmente y terminó por dejar la selección y la competición con 1 oro, 4 platas y 4 bronces en campeonatos de Europa y del Mundo . Vio por la tele como, solo unos meses después de su retirada prematura , sus compañeras ganaban el oro en Atlanta; engordó 12 kilos, hasta alcanzar el peso normal para su edad y altura, y fue feliz. Sus denuncias causaron un gran revuelo y supusieron un escándalo social en aquel momento. Algunas compañeras se pusieron de su parte y otras la atacaron, pero lo cierto es que sólo un par de meses más tarde Boneva dimitía.
¿Dónde está el límite entre la exigencia y la falta de respeto al individuo? Ahí es donde está la clave del asunto. La forma de percibir una bronca del entrenador, un reproche o una crítica depende, muchas veces, del carácter y las condiciones físicas de cada deportista. No todos recibimos igual una crítica y no a todos nos cuesta el mismo esfuerzo cumplir los niveles de exigencia física de un determinado deporte. Parece ser que, objetivamente, Tarrés se excedió en el trato a sus nadadoras, pero también da la impresión de que esos abusos verbales y humillaciones parecen hechos aislados en los 14 años en los que ha estado al frente de la selección española. Por decirlo de otra manera, Tarrés es una entrenadora con carácter, espartana y autoritaria que a veces se pasaba de la raya. Una mala tarde (o varias) la tiene cualquiera después de miles de tardes de entrenamientos.
La entrenadora catalana es una de la figuras menos populares ahora mismo en nuestro país. Mayoritariamente se aplaude su cese fulminante igual que durante los últimos años se han aplaudido sus medallas. Probablemente la salida de Anna Tarrés marcará un antes y un después en la selección de sincronizada como ocurrió con la salida de Boneva de la selección de gimnasia rítmica. Me atrevo a pronosticar, ojalá me equivoque, que este asunto va a acarrear la desaparición de España como potencia mundial de la natación sincronizada. El tiempo dirá.
Emilia Boneva, MaríaPardo
http://elpais.com/diario/1996/10/15/deportes/845330418_850215.html
http://articulos-apunts.edittec.com/52/es/052_005-008_es.pdf
http://www.elmundo.es/larevista/num119/textos/gorda1.html
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1995/06/16/093.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario