domingo, 23 de septiembre de 2012

CUANDO ESPAÑA RESCATÓ A ALEMANIA

CUANDO ESPAÑA RESCATÓ A ALEMANIA

Se llama Renate Noller, tiene 72 años y una visión de España que difiere mucho de la que seguramente tienen la mayoría de sus compatriotas. Ella vivió en sus propias carnes como hace seis décadas España salió al rescate de Alemania y libró no de una simple crisis, sino del hambre, a muchos niños.

Renate nació en 1940 en Pforzheim en una Alemania inmersa en la Segunda Guerra Mundial. Diez años después, su país había perdido la guerra y trataba de levantarse de la ruina y la destrucción. Sus padres, como muchos otros, no podían educar, alimentar y vestir dignamente a sus hijos. Y se acogieron a una oportunidad que les plantearon en su parroquia. Uno de los hermanos podía viajar a España para ser acogido allí por una familia que garantizaba su manutención, su educación y, lo más importante, su cariño durante unos meses.

Era el año 1950 cuando Renate, de solo 10 años, llegó a nuestro país, aterrorizada y sin hablar una sola palabra de español. Fue un largo viaje en tren con destino a Pamplona y escala en Irún. Allí Renate vió y probó por primera vez en su vida una naranja. Viajaba junto a un numeroso grupo de niños que Cáritas repartió entre familias de acogida de varias ciudades como Madrid, Segovia o Salamanca. Ella terminó su periplo en Villoria, un pequeño pueblo a veintipocos kilómetros de la capital charra. Allí la recibió como a una hija una farmacéutica llamada Natividad López, soltera, con buena posición económica y ganas de hacer una buena obra.

Al principio no fue fácil, ni para Renate, ni para Natividad. Era una niña con muchas carencias educativas, huraña y asustada. Pero la boticaria se hizo poco a poco con ella, con cariño y firmeza. Tanto es así que Renate, que venía para seis meses, terminó quedándose en España un año y medio. Aprendió el español a la perfección, acudió al colegio del pueblo y sacó adelante un curso escolar, hizo la primera comunión y se integró a la vida del pueblo como un parroquiano mas. Sólo su apariencia física, alta, fuerte y robusta, la diferenciaba de las demás chavalas de Villoria.

Renate regresó llorando a Alemania, como regresaron todos los demás niños acogidos por familias españolas en esos años. Ella confiesa que se hubiera quedado para siempre en España y que su estancia aquí fue "maravillosa". Nunca perdió el contacto con su madre española y, fallecida ésta, ha seguido carteándose con otros miembros de la familia, en especial con Paco, mi padre, sobrino de Natividad, con el que aún comparte amistad y recuerdos de muchas horas de infancia jugando, peleándose y riendo por las calles de Villoria.

Así que la todopoderosa Alemania también necesitó de la solidaridad de España hace no tanto, solo unas cuantas décadas. Muchos de los testigos de aquella ayuda desinteresada siguen vivos hoy y su testimonio sería muy valioso para que los otros alemanes que nos miran por encima del hombro tomen nota de la historia reciente y se comporten hoy, a las puertas de un rescate económico a nuestro país, con la misma generosidad que recibieron entonces.


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