Seis meses se cumplen de la llegada del PP al poder. Poco tiempo en cualquier otra legislatura, pero una eternidad en esta debido a la velocidad con la que se suceden los acontecimientos. Seis meses seis que como seis miuras ha tenido que torear el gobierno unas veces con más suerte que otras. En el "debe" de Rajoy hay que poner, sin duda, las contradicciones en las que ha incurrido. La hemeroteca no juega a favor del actual gobierno. "No subiremos los impuestos", "ni un euro de dinero público para los bancos", "la Educación, la Sanidad, las prestaciones por desempleo y las pensiones son nuestras líneas rojas". Son frases que escuchamos hace muy poco, durante la campaña electoral que llevó a los populares a alzarse con una mayoría absoluta de 186 escaños. Ahora resuenan huecas y eso que todavía no conocemos los recortes que se nos avecinan y que conoceremos esta misma semana. El discurso de investidura, si ya es papel mojado, puede convertirse en algo parecido a papel de inodoro.
A pesar de todo, es curioso cómo el Gobierno mantiene el pulso en las encuestas. No ha llegado un previsible hundimiento, mientras que el PSOE no levanta cabeza. Y es que Rajoy juega con un factor a favor. La famosa y manida frase de la "herencia recibida" es una realidad como un templo. Los ciudadanos no han olvidado la nefasta gestión de Zapatero y saben que muchos de los males que padecemos hoy vienen arrastrados de entonces. El paro, el déficit público desbocado, los impagos de las administraciones públicas a los proveedores, la ausencia de reformas estructurales, son la losa bajo la que Zapatero enterró a España y que ahora el Gobierno trata de levantar. Incluso la crisis de Bankia, mal gestionada sin duda por Rajoy, se incubó en la época de Zapatero, con un enjuague entre Salgado y MAFO que en lugar de coger el toro por los cuernos, se dedicaron a buscar fusiones imposibles y a tragar con balances manipulados en una huida hacia adelante que tenía que acabar en desastre. Quizás ZP alentó todo eso para que la bomba no le estallase a él a pocos meses de las elecciones. Flaco favor nos hizo a todos.
Así pues, con todos los peros que se le puedan poner al Gobierno de Rajoy, lo cierto es que ha emprendido con valor un camino de reformas y recortes impopulares, necesarios e insuficientes. Ahora el Gobierno promete nuevas reformas y un nuevo tijeretazo de 30.000 millones más, según se ha publicado. Aquí es donde el Gobierno se la juega. Los ciudadanos podemos entender que nos metan la mano en el bolsillo si vemos que antes se recorta el gasto inútil, el despilfarro administrativo, los 17 miniestados que conforman nuestro mapa autonómico con sus televisiones autonómicas, sus defensores del pueblo, miles de coches oficiales, sus "embajadas" en el extranjero. Hay que acabar con ese gasto inútil y aún será necesario pedirnos más esfuerzos a los ciudadanos. Pero lo segundo no se entendería sin lo primero.
España debe cumplir con los objetivos de déficit que nos marca la UE. Esa es la única manera de demostrar a los inversores internacionales que somos un país en el que se puede confiar y es la única forma de convencer a nuestros socios europeos de que nos echen una mano. Si estos seis meses han sido durísimos y han parecido seis años, los próximos se vislumbran como cruciales para nuestro futuro y el de nuestros hijos. Nos la jugamos en un plazo de tiempo muy pequeño. A la oposición hay que pedirle altura de miras y, como mínimo, que no ponga palos en las ruedas. Pero más allá de lo que haga el PSOE, el Gobierno, apoyado por su mayoría absoluta, puede y debe ser valiente y decidido.
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