martes, 17 de julio de 2012

LOS HIJOS DÍSCOLOS

Ayer fui a mi banco y le pedí al director que aumentase la línea de crédito de mi tarjeta VISA.
-¡Imposible!, me dijo, usted gasta todos los meses más de lo que ingresa y además ha estado varias veces en descubierto. No le puedo dar más crédito.
-¿Cómo que gasto más de lo que ingreso?, le dije muy enfadado, compruebe los movimientos de mi VISA y verá que he reducido mis gastos a lo más básico. Sólo gasolina, supermercado y poco más. Nada de bares, restaurantes, tiendas de ropa o espectáculos.
-Es cierto, lo veo en el ordenador, me contestó
-¿Entonces por qué me...?, le dije, pero me interrumpió inmediatamente.
-Sus hijos, son su hijos, me explicó el director. Cada uno tiene asignada una VISA por orden suya que va a la misma cuenta. Sus hijos han gastado no solo en supermercados y gasolina. Veo cuentas de restaurantes, de bares de copas, de viajes de fin de semana. Pagan incluso los gastos de limpieza de sus apartamentos en la playa. Parece que tienen embajadas por toda la costa.
-Ya sabía yo que esos hijos míos me iban a arruinar, dije entre dientes con un enorme enfando. ¡Ya está! les cancelo ahora mismo las VISAS y punto.
-Desgraciadamente no puede, se apresuró a decirme el director. Si ve la letra pequeña, una vez firmada la autorización, para dar de baja la tarjeta se requiere la firma de las dos partes, de usted y de cada uno de sus hijos...
-¿Entonces cómo quiere que controle el gasto de mi cuenta corriente?, dije abatido
-Ese es el problema, no puede, pero eso al banco le da igual. Y le advierto de que un impago del recibo conlleva unos altísimos intereses e incluso es posible que el un juzgado llegue a intervenir su cuenta y embargarle sus bienes, concluyó con rotundidad.

Algo parecido a esto es lo que ocurre en España con nuestras Comunidades Autónomas. Con la Constitución de 1978 se les dieron unas transferencias exclusivas que les otorgaban un poder político, a mi juicio, exagerado. Luego, con las sucesivas cesiones del PSOE y del PP a los nacionalistas a cambio de votos se les ha ido ampliando el dinero y las competencias hasta que hemos llegado a un punto en el que los hijos gastan más que el padre (las autonomías gestionan el 56% del dinero público) y encima el padre se ha quedado sin recursos para controlar a sus hijos. Les amenaza con quitarles la VISA, pero no puede, les trata de impresionar con avisos de intervención que, en la práctica, son muy difíciles de llevar a cabo. Y los hijos continúan empeñados en gastar no sólo en pagar el cole, ir al médico o al supermercado (Sanidad, Educación y Servicios sociales) . También gastan en una pantalla LED nueva, muy grande y muy cara (TV autonómica), en un apartamento en la playa (embajadas en el exterior), en reuniones con los amigos (empresas públicas de dudosa funcionalidad mas allá de alojar a muchos enchufados). En fin, el padre de enfada por el dispendio de los hijos que hacen caso omiso de las órdenes de su progenitor. Y a pesar de el padre les advierte una y otra vez que si siguen gastando así el banco no les va a prestar dinero y que incluso podrían llegar a embargarles (intervenirles) ellos, a lo suyo. En un alarde de irresponsabilidad siguen empeñados en vivir la vida como si nada.

La única solución es que el padre y la madre (el PP y el PSOE), que están separados hace muchos años, dejen a un lado sus discrepancias y se sienten en torno a una mesa para reformar las condiciones que otorgaron a sus hijos y les anulen las tarjetas de crédito o  les impongan un control efectivo de sus gastos y les obliguen a devolver la pantalla LED y a cancelar esas reuniones de amigotes que les están llevando a la ruina. Es la única manera de que el banco recupere la confianza en esta familia tan desunida... Y recemos para que no sea ya demasiado tarde.

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