jueves, 23 de febrero de 2012

VALENCIA, ENSAYO DE LABORATORIO

La izquierda lleva grabado en su ADN un principio que resulta nocivo: el poder nos pertenece a nosotros que somos los que tenemos la legitimidad social, aunque la derecha haya ganado las elecciones con mayoría absoluta. Así que lo que las urnas nos han robado lo tenemos que recuperar en la calle.
El fruto de ese pensamiento totalitario lo vimos en la jornada de reflexión de 2004, dos días después del 11M con aquellas manifestaciones "espontáneas" ante la sede del PP. Y lo hemos vuelto a ver estos días en Valencia. La izquierda, unos descaradamente como Mónica Ultra, perdón Oltra, (de Compromís) y otros con un poquito mas de recato, como la Pajín, han aprovechado la primera oportunidad para tratar de incendiar la calle. Valencia se ha convertido en la probeta donde ensayar la toma de la Bastilla. Y no es de extrañar porque allí la nefasta gestion de Camps ha dejado telarañas en las arcas publicas y es fácil agitar el descontento popular.
Claro está que la estrategia desestabilizadora de la izquierda necesita otro ingrediente fundamental: un altavoz mediático que magnifique unos porrazos a destiempo y los convierta en un ataque al pueblo por parte de una policía de derechas con ramalazos franquistas. Y para eso, nada mejor que el periódico de cabecera del socialismo ayudado por la televisión pública nacional, controlada aun por los tentáculos del anterior gobierno.
 Poco importa que los portavoces de los supuestos estudiantes llamasen a "quemar las calles" o a luchar "a sangre y fuego". Tampoco tiene la menor trascendencia que solo uno de los más de 40 detenidos estos días sea estudiante del Instituto Lluis Vives, semilla de las protestas. Menos aún que haya 11 agentes heridos. Y nada que la policía afirme que la mayor parte de los arrestados son independentistas de izquierda. A esos les importa un bledo si hay o no hay calefacción en el Instituto de marras. Al final las reivindicaciones justas y legitimas de unos estudiantes se diluyen en la manipulación política y en consignas populistas.

En esta ocasión la mecha no ha prendido, pero ya puede tener cuidado el gobierno del PP porque de estas le esperan muchas. De momento la marea se ha contenido probablemente porque el PSOE pasa por momentos de absoluto descrédito y no está en condiciones de liderar nada. Y probablemente también porque el PP mantiene aún el aval de las urnas. Pero en un país con casi 5,5 millones de parados es fácil que prenda la chispa. Así que la porra, aunque muchas veces justificada, no es la solución. Lo que se necesita para lidiar con asuntos como este de Valencia es mucho tacto y mucha inteligencia, aunque eso en ocasiones pueda parecer falta de autoridad.

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