jueves, 9 de agosto de 2012

JORNALERO SE ESCRIBE CON "J" DE JETA

El líder jornalero y diputado andaluz de IU, Juan Manuel Sánchez Gordillo, es un rey Midas de la propaganda política. Todo lo que toca se convierte en propaganda. Su última hazaña ha sido el atraco a un supermercado Mercadona en Écija (Sevilla) que ha tenido un efecto mediático que ya lo quisieran para sí los mas acreditados publicistas de este país.

Su método se basa en un discurso populista y facilón que mezcla la velocidad con el tocino, acompañado de acciones que se disfrazan de justicia social pero que no son mas que simples delitos que´él califica de "actos simbólicos" o "expropiaciones" para "quitarle una parte de su fortuna a los ricos y repartirla entre los pobres". Y ese mensaje cala hasta el punto de que son tantos o más los que le apoyan como los que le condenan.

En mi opinión este señor ha convertido su discurso comunista y antisistema en un gran negocio del que lleva viviendo décadas, como alcalde de Marinaleda, como diputado en el parlamento andaluz y como líder del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores).

Pero resulta bastante fácil quitarle la careta. Ya en 1996, cuando no era tan conocido como ahora para el gran público, fue pillado con las manos en la masa en un renuncio que le desacredita a mi juicio en todo lo demás. El parlamento andaluz le sancionó por cobrar de forma indebida durante años dos sueldos públicos de forma simultánea, uno como diputado autonómico y otro como profesor de EGB. "No miro mi cuenta corriente y no me había dado cuenta", fue entonces su explicación. Tan increíble resulta esa explicación como la respuesta que da cuando se le pregunta por las subvenciones públicas que recibe su sindicato, el SAT. Asegura Sánchez Gordillo que lo desconoce, que no tiene ni idea de ese asunto porque él no es el secretario general. Mires usted, no nos tome por imbéciles que hace años que dejamos de chuparnos el dedo.

Por si fuera poco, este señor nos ha mostrado otro aspecto de su personalidad, la cobardía. Probablemente atemorizado por las consecuencias penales que le puede acarrear el asalto al Mercadona ha decidido escurrir el bulto y dejar que se coman el marrón sus compañeros. En concreto ha dicho que "no pude cometer ningún delito porque ni pisé el supermercado, me limité a llevar a cabo maniobras de distracción en el exterior". A preguntas de este periodista sobre su liderazgo material e intelectual en los hechos contesta que él fue "uno más y que la decisión de ir a Mercadona se tomo en asamblea". Es decir, manda a sus secuaces, los jalea, pero a la hora de la verdad se echa a un lado.

Y no quiero olvidarme, para terminar, de la cajera de Mercadona, zarandeada y vilipendiada por un grupo de valientes que dice defender los derechos de los trabajadores. La pobre señora pasó el peor trago de su vida y acabó en un mar de lágrimas presa de un ataque de nervios mientras los matones de Sánchez Gordillo se llevaban los carros repletos de comida.

En fin, Sánchez Gordillo ha logrado engañar a muchos, pero otros muchos le conocemos perfectamente desde hace décadas y pensamos que de jornalero sólo tiene la jota de jeta.